jueves, 6 de agosto de 2009

Jaime Dávalos. Poeta del vino.

"Norte, el hombre es tierra que anda.
Sur, horizonte redondo,
Este, litoral legendario de las lluvias.
Oeste, montaña mineral del vino "
Con estas sentidas palabras co­menzaba cada semana su pro­grama de televisión “E] patio de Jaime Dávalos". Un grupo de amigos se reunían para cantar, bailar, decir poemas y tomar vi­no en una especie de misa laica para concelebr­ar la vida.
Con este programa del viejo Canal 7, el pueblo argentino comenzó a conocer a uno de sus grandes poetas. Un hombre robusto, de voz fuerte, barba hirsuta, sonrisa fácil y siempre con un vaso de vino en la mano.
Era una época en la que en televisión todavía se podían ver programas populares de calidad. Donde los espectadores se estremecían cando su voz redonda y sus manos, torpes en la guitarra, decían aquello de:
Vengo del ronco tambor de la luna
en la memoria del puro animal,
soy una astilla de tierra que vuelve
hacía su oscura raíz mineral."
Antes de que esto ocurriera habían pasado muchas cosas en la vida del poeta. Nació en San Lorenzo, Salta en 1921, hijo de uno de los más importantes poetas argentinos Juan Carlos Dávalos. "Del viejo heredé el amor por lo be­llo, el canto, la amistad y el vino. Que mejor herencia pudo dejarme el tata."
Formó pareja inigualable con su gran amigo y salteño, Eduardo Falú. De su inspiración salieron las mas hermosas canciones que renovaron el folklore hasta entonces anquilosado. Canciones improvisadas, muchas veces, en las larguísimas noches de vino, amigos y cant­o de la caliente y perfumada Salta.
"Nació esta zamba en la tarde,
cerrando ya la oración,
cuando la luna lloraba,
astillas de plata, la muerte del sol”.
Junto a ellos, Manuel J. Cas­tilla y el Cuchi Leguizamón, to­dos salteños, como Los Chal­chaleros.
Tocaba la guitarra "como milico de pueblo", solía decir, pero cuando su voz potente can­taba, con la dulzura del sentimientoo, aquellos versos de:
`Al cantar el crespín,
en la tarde ardida de cobre y azul,
llorará la zamba
librando en el aire palomas de sueño y de luz."
Entonces Buenos Aires se despertó para re­conocer a un poeta del interior, auténtico y sin dobleces. Y todo el país cantó sus canciones y dijo sus poemas,
'Ahora que estás ausente,
mi canto en la noche te lleva,
tu pelo tiene el aroma
de la lluvia sobre la tierra."
Los premios y merecidos reconocimientos se sucedieron.
Un directivo, accidental, del Canal vió con malos ojos que se cantaran poemas, canciones y Ioas el vino, y prohibió que se lo mencionara en el programa. Le comunicamos a Jaime esta ab­surda medida y la noche del programa, todos de acuerdo, hicimos el gran homenaje al vino. To­das las canciones y poemas lo tuvieron como centro. Jaime dijo con su voz tonante. "Hay ca­gatintas a los que les gusta el whisky y por eso permiten que se beba en todos los programas. Y quieren prohibir el vino. Pobre gente, desprecian al vino porque no saben del valor de la amistad que este genera. Si no podemos beber vino, este es nuestro último programa."
De todas partes de la ciudad comenzaron a llegar gentes con botellas de vino para beberla, en cámara, junto a Jai­me. Al día siguiente, cientos de espectadores se acercaron al Canal con botellas y damajuanas. Los diarios criticaron la medida oficial y el vino siguió campando en el programa.
El país seguía cantando:
"El canto del chalchalero
en sangre la siesta moja
y tiñe de amor la roja
pluma del pecho con el chalchal "

Después, Jaime, enamoradizo como pocos, (quedó encantado de la exuberante mesopota­mia y comenzaron a florecer como ceibos sus
canciones a los ríos: "El Paraná en una zamba":
"Brazo de la luna que bajo el sol
el cielo y el agua rejuntará,
hijo de las cumbres y de las selvas
que extenso y dulce recibe el mar."
"La canción del jangadero", de la que po­cos deben saber que improvisada en Rosario, en un boliche de humo y vino, fue grabada casualmente por un estudiante en su pequeño gra­bador Geloso. Al día siguiente, Jaime no recor­daba nada de esos sentidos versos que cantan un himno al obrero del río:
"Río abajo voy llevando la jangada.
río abajo por el Alto Paraná...
Es el peso de las sombra derrumbada,
que buscando el horizonte bajará ".
"Canto al río Paraná":
'Junta todas las aguas ¡padre de la bandera!
Hidrográfico símbolo de unidad nacional.
junta como las aguas las sangres de esta tierra,
mezclándose en el pueblo bajo la Cruz Austral."
En "Zamba correntina" dice como en un susurro:
"Corrientes, novia azul del Paraná,
Aquí te canto esta zamba,
y siento que tu luz/ de greda litoral
rebalsa el corazón del lapachar
Enamorado de los atardeceres del cielo me­sopotámico le cantó a las golondrinas:
¿Adonde te irás volando por esos cielos?
Brasita negra que lustra la oscuridad,
Detrás de tu vuelo errante mis ojos buscan,
¡la inmensidad!... ¡la inmensidad!
Después se recluyó en Salta, su Salta tan cantada y soñada, y dejó unos versos que se­guirán flotando en el aire perfumado del país al que abarcó con sus poemas y canciones:
"Soy el que canta detrás de la copla,
y que en la espuma del río hai volver,
paisaje vivo mi canto es el agua,
que por las selva sube a florecer ".
Dejó escrita una profecía que todavía no se ha cumplido:
"¡Quiero ver a mi patria, unida como el río,
hermana solidaria de amor continental
con los ojos mirando crecer desde el rocío
su fuerza proletaria/de extraña mineral.
Murió, rodeado de amigos e hijos, una tar­de de 1981 de la que no quiero acordarme.

Osvaldo Parrondo

2 comentarios:

Beatriz dijo...

Maravilloso y muy emocionante el recuerdo de Jaime Dávalos. Uno de los grandes poetas de nuestra querida y lejana tierra.

Muchas gracias por el recuerdo. Jaime Dávalos, como tantos otros poetas de todas las regiones de Argentina, lo merece.

la chetica dijo...

Recuerdo ese entrañable programa, recuerdo al querido Jaime, su vasito de vino y la damajuana escondida bajo la silla.
Etel, una argentina desde Costa Rica